Detrás de cada copa de vermut hay una lista de ingredientes que muy poca gente conoce, pues no es vino solo, ni una mezcla improvisada de hierbas: es el resultado de combinar con criterio plantas, raíces y especias que llevan siglos usándose en la elaboración de aperitivos. En Bodegas Valdepablo llevamos casi cien años trabajando con esos ingredientes, y todavía nos parece fascinante lo que ocurre cuando se juntan bien.
El ajenjo y el díctamo: las plantas que dan carácter al vermut
Pocas personas saben que la palabra «vermut» viene del alemán Wermut, que significa ajenjo. Esta planta de sabor amargo e intensamente herbáceo es, históricamente, el botánico más asociado a esta bebida. Usada con mesura, aporta esa profundidad característica que hace al vermut reconocible desde el primer sorbo; usada en exceso, puede dominar todo lo demás. El equilibrio es la clave.
Ahí es donde entra el díctamo. Originario del Mediterráneo, tiene un aroma suave y ligeramente floral que redondea el amargor del ajenjo sin taparlo. Es uno de esos ingredientes que no llaman la atención cuando están, pero cuya ausencia se nota enseguida. En un vermut bien preparado, cada botánico cumple una función concreta, y el díctamo es un excelente ejemplo de cómo un ingrediente discreto puede ser imprescindible.

Lo que hace interesante este proceso es que ninguna planta actúa sola. La maceración es, en cierto modo, una negociación donde cada botánico cede parte de sus aromas y compuestos al vino base, y el resultado depende de los ingredientes elegidos y del tiempo y la temperatura de ese proceso. En nuestra bodega de Terrer, ese equilibrio lleva décadas ajustándose con paciencia.
El vermut preparado con criterio: más botánicos que marcan la diferencia
La corteza de naranja amarga aporta frescura cítrica. La genciana, una raíz de origen alpino, refuerza el amargor de forma más elegante que el ajenjo. La canela y el clavo añaden calidez y una leve sensación especiada que alarga el final en boca. Cada bodega tiene su propia selección, y esa selección es, en buena medida, su firma.
¿Cuántos botánicos lleva un vermut? Depende. Algunas recetas trabajan con una docena, otras con más del doble. En Bodegas Valdepablo, la combinación exacta es uno de esos conocimientos que se transmiten de generación en generación, no como secreto guardado bajo llave, sino porque forma parte de la identidad de cada vermut preparado que embotellamos. Cuando pruebas el Vermut Casa Valdepablo o el Gran Añada, estás probando el resultado de décadas de ajustes y de mucho tiempo escuchando lo que cada botánico tiene que decir.

Con los vermuts ecológicos esa precisión es todavía más evidente, pues el trabajar con uvas de agricultura ecológica exige afinar el resto del proceso con más cuidado, porque el margen de error se reduce. El resultado es un vermut con un perfil aromático más limpio, donde los botánicos se expresan con más claridad sobre un vino base de excelente calidad.
Botánicos y territorio: cuando el origen importa
Hay algo que rara vez se menciona en las etiquetas, y es que la calidad de un botánico depende mucho de dónde viene. Las mismas plantas cultivadas en regiones distintas pueden tener perfiles aromáticos bastante diferentes. La altitud, el tipo de suelo y el clima influyen directamente en la concentración de los compuestos que luego se liberan durante la maceración; por eso el origen de los ingredientes no es un detalle secundario.
El entorno de Calatayud y el valle del Jalón ofrecen condiciones que favorecen una viticultura de carácter. Esa misma lógica se aplica a los botánicos, donde buscamos ingredientes con procedencia conocida, porque el vermut preparado que queremos hacer no admite atajos.
Si te interesa conocer más sobre los botánicos, los maridajes o cómo sacarle más partido al aperitivo en casa, en nuestro blog publicamos contenidos con regularidad sobre todo esto. Porque entender lo que hay en la copa hace que sepa a más.