El arte del vermut preparado: más allá del hielo y la aceituna

Servir un vermut es sencillo. Prepararlo bien es otra cosa. En Bodegas Valdepablo llevamos casi cien años elaborando vermut en Terrer, y con el tiempo hemos aprendido que lo que hay en la botella es la mitad del asunto. La otra mitad está en cómo se sirve: el vaso, el

Servir un vermut es sencillo. Prepararlo bien es otra cosa. En Bodegas Valdepablo llevamos casi cien años elaborando vermut en Terrer, y con el tiempo hemos aprendido que lo que hay en la botella es la mitad del asunto. La otra mitad está en cómo se sirve: el vaso, el hielo, la proporción y lo que acompaña a la copa. Ninguno de esos detalles es complicado, pero juntos cambian bastante el resultado.

El vermut bien preparado empieza antes de servirlo

Un vermut preparado en copa ancha o en vaso de cristal grueso tiene más espacio para que los aromas se abran, algo que en un vaso largo y estrecho no ocurre igual. No es una cuestión estética; realmente la forma del recipiente concentra o dispersa los aromas, y con el vermut eso se nota desde el primer sorbo. En nuestra gama de vermuts hay variedades con perfiles distintos, y cada una responde de forma diferente según cómo se sirva.

Sobre el hielo, cuanto más grande el cubito, mejor. El hielo grande derrite más despacio y diluye menos la bebida. Un vermut preparado con hielo picado pierde carácter en pocos minutos; con dos o tres cubitos grandes se mantiene frío y aromático durante toda la copa. Si el vaso está frío de antemano, mejor todavía. 

La proporción es el tercer elemento. Un chorrito de agua con gas o sifón, nunca más de un tercio del volumen total, es suficiente para abrir un poco el vermut sin apagarlo. Quienes lo prefieren más concentrado pueden prescindir del agua del todo. El Vermut Casa Valdepablo funciona muy bien solo con hielo y una piel de naranja, sin necesidad de añadir nada más: tiene suficiente carácter para sostenerse solo.

Los acompañamientos del vermut preparado: mucho más que una aceituna

La aceituna es un clásico debido a que su punto salado y graso contrasta bien con el amargor del vermut y limpia el paladar entre sorbos. Pero hay más opciones que funcionan igual de bien, como anchoas en conserva, boquerones, encurtidos variados o unas lascas de queso curado. Cada uno cambia ligeramente la percepción del vermut en boca, y la gracia está en encontrar la combinación que más te gusta. En nuestro blog publicamos ideas sobre maridajes y aperitivos que pueden ayudarte a explorar esas combinaciones.

La naranja merece un comentario aparte, pues una rodaja dentro del vaso aporta aroma cítrico que se integra con los botánicos mientras la copa se enfría. Por otro lado, una piel retorcida sobre el líquido libera los aceites esenciales de la cáscara y añade un matiz más seco e intenso. Con el Gran Añada, la piel funciona mejor; con el clásico Casa Valdepablo, la rodaja encaja de maravilla. Mismo ingrediente, dos resultados distintos, y los dos tienen su momento.

El vermut blanco pide acompañamientos más ligeros. Su perfil floral y menos intenso va bien con gambas cocidas, mojama o unas galletas saladas con queso fresco. El Vermut Blanco Casa Valdepablo es una excelente referencia para explorar este estilo de aperitivo, más delicado y cada vez más presente en las barras españolas.

Un vermut preparado con atención no pide técnica especial ni ingredientes sofisticados. Solo necesita el vaso adecuado, el hielo correcto y algo en el plato que complemente lo que hay en la copa. En Bodegas Valdepablo ponemos el cuidado en la elaboración, pero el último paso está en manos de quien lo sirve. Y ese paso, cuando se hace con ganas, convierte el aperitivo en algo que merece la pena alargar un poco más.

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